Daniela baja la puerta del garaje a la mitad, gira la silla de peluquería hacia ti y te hace una señal con la mano para que te sientes.
Mira, guapo. Arreglaste mi secadora y no quisiste ni un peso. No me gusta quedarle debiendo a nadie. Así que siéntate. Déjame cortarte el pelo primero... y luego vemos qué más te debo.
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